Buzos del limpio

Frank Correa

 

Los Bocañanga son la familia de buzos más numerosa de Jaimanitas, la componen 37 personas y abriga una representación tangible de la sociedad cubana.

Pescadores, buzos, artistas, jineteras, policías, borrachos, locos, delincuentes, militantes del partido, economistas, recogedores de basura y vagos habituales, conviven en una vieja casona de madera que han dividido por tabiques y remodelado con los más variados materiales constructivos.

Están los abuelos paternos, los viejos Bocañanga, que iniciaron el “buceo en el limpio”, que consiste en la extracción de joyas de oro y plata y dinero que por descuido pierden los bañistas.

Van por las playas de La Habana con sus caretas, patas de ranas, snorker, y guanteretas de madera abanicando el fondo, haciendo subir a la superficie lo sólido con la revoltura.

Por la cartilla de racionamiento les corresponde un solo balón de gas y han dispuesto en el patio cocinas rústicas, con piedras y pedazos de zinc, que sirven de hornillas cuando la premura del hambre es incontenible.

Otras familias del pueblo también se dedican al “buceo en el limpio” y encuentran, tras mucho esfuerzo y suerte: cadenas, relojes, anillos, manillas, sortijas o dijes. Conocen el precio del oro y la plata, y sus fluctuaciones, “aunque el oro nunca baja, al contrario, sube”, dice Joaquinito Bocañanga, mientras se coloca sus aditamentos y entra al agua por la playa La conchita.

Se cuenta en el pueblo como récord, una cadena de oro dieciocho quilates con una medalla de la Santa Bárbara, que dio ochenta gramos en la pesa de Joaquinito, sacada por Alberto Bocañanga en una zona inhóspita del litoral habanero, entre Guanabo y la fortaleza El Morro, donde nadie esperaba que apareciera una prenda, pues es en las playas donde ocurren con más frecuencia los hallazgos.

También existe en Jaimanitas una vieja leyenda, de un cofre de oro de un naufragio, que un ciclón arrastró hasta la costa. La mayor quimera de cada “buzo del limpio” es encontrarlo, para salir al fin de la penuria.

Nico Blanco no es propiamente un Bocañanga, pero también es buzo y tiene el mérito de haber introducido el snorker y la segunda pata de rana. “Para dar impulso a la guantereta y abanicar mejor el fondo. Antes se pateaba con una sola pierna y no se utilizaba snorker, quizás una tradición primitiva. Buzo del limpio es una creación de

Jaimanitas. No sé si en algún otro pueblo lo practiquen, pero aquí constituye un oficio de familia”.

“Un jaimanitense, del estrato que sea, cuando se halla en un trance económico, toma las patas de rana, la careta, el snorker, la guantereta, y se sumerge a buscar los que otros han perdido”, dice Nico y se tira al agua.

La dura crisis económica y social que azota a Cuba, llamada por el gobierno “Periodo Especial”, es la causa que obliga a muchos cubanos a aventurarse en la búsqueda del sobrevivir, de las formas más increíbles.

A Luisón Fuentes lo conoce el pueblo como “el buzo de la mayor suerte del mundo”, cuando halló en el agua dos pacas, una repleta de dólares americanos y la otra con cocaína. También lo llaman: “el de la suerte peor”, la policía los arrestó al llegar a su vivienda con los bultos aún sin abrir, avisados por las brigadas “Mirando al mar”, vecinos voluntarios encargados de custodiar la orilla.

“Tuve que jalar diez años sin beberla ni aspirarla”, dice Luisón. “En la cárcel supe, por narcotraficantes colombianos recluidos conmigo, a cuanto estaba el kilo de coca, pero jamás nadie me supo decir, a cómo el de billetes de a cien”.

Rascacio, joven buzo de la familia “Los Pejediente”, lleva cien días sin encontrar nada. Sueña que en el fondo del mar anda una cadena de oro dieciocho, gorda y pesada, dando tumbos, y su vida depende en hallarla.

“Con una prenda grande tiro la placa y construyo arriba. Y si encuentro el tesoro ¿te imaginas?, me compro una antena parabólica y un Audi”, se coloca la careta y comienza a abanicar el fondo, ilusionado.

No están asociados en un gremio, ni se conoce la cifra exacta de “buzos del limpio” de Jaimanitas, pero si te detienes un momento en la orilla, temprano en la mañana, los verás aparecer por las calles del pueblo, descalzos, esquilmados, pero llenos de aliento, camino a abanicar el fondo del mar por horas, tras una joya, o algo que los saque de apuro y alivie las tristes existencias que transitan.

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Listos por si hay billetes al aire

Frank Correa

Los cubanos, con la ingeniosidad para chotear y reírse de todo, incluso de sus desgracias, han ideado chistes sobre la visita del presidente estadounidense Barak Obama a la isla, el próximo 21 de marzo.

Se repite en muchos lugares: “Obama viene, o vamos nosotros”. Otro, rumora que el presidente irá tirando fajos de dólares por Quinta avenida. Aunque existe escepticismo de poder recogerlos, “por las detenciones que habría”, dice la gente.

Esta estampa del gracejo popular ha traído de regreso a los jaimanitenses, un suceso ocurrido hace siete años, en la misma avenida por donde transitará Obama. “Un auto lanzando fajos de billetes en la entrada de la escuela primaria Manolito Aguiar y madres con sus niños recogiendo cuanto pueden”.

En la cola del agro encuentro a Catalina Siguayu, molesta por la cola que no avanza. Famosa en el pueblo luego desde aquel hecho, por ser una de las suertudas. “Recogí dos mil pesos, pero delante iba Cacha, que recogió mucho más. Mi hijo Jorgito y otros niños, también amontonaron billetes. Fue un acontecimiento que tal vez no se repita, pero jamás olvidaremos”.

Encuentro a Cacha, “Caridad Benítez”, arreglando una silla de su casa en la calle. Recuerda el hecho con nostalgia. “Yo creía estar soñando. Me tiré en el césped y comencé a moverme a gatas, cubriendo todo el dinero que encontraba, pero fui lenta, tuve miedo de ir presa por apropiarme de lo ajeno. Si se repite voy a actuar diferente. Me convertiré en la absolvedora humana”.

A Papo “el albañil” no lo alumbró la estrella de estar en el momento de los lanzamientos. Escuchó la noticia y corrió al lugar, pero el auto había desparecido. “Quinta estaba llena de curiosos, ¿de dinero?, nada. Nos quedamos un rato mirando los autos, esperando una segunda vuelta. Cada vez que pasaba uno el corazón se me paraba, pero seguían de largo sin tirar ni un peso. La costumbre de merodear el sitio no se me quita, a ver si se repite, pero nada, nunca más”.

Indagué en Jaimanitas lo ocurrido ese día y sus causas. Conocí por el espiritista René Duquesne Santos, trabajador de la Empresa de Comunales, que el individuo que lanzó el dinero aquel día estaba cumpliendo una promesa religiosa.

En cambio Tomás, pescador de 56 años residente en el callejón de San Felipe, defiende otra teoría; “Eran cuatro los que viajaban en el auto y estaban borrachos. Tenían salida definitiva esa noche para Estados Unidos. Decidieron deshacerse del dinero de la forma más noble: tirárselo al pueblo”.

“Uno que iba en el auto era el sordo, del Mariel. A los cuatro les sobraba el dinero. Como se iban esa noche protagonizaron lo que solamente loco, en borrachera, o por fanatismo religioso, la gente piensa que pueda alguien hacer. La verdad es que, muchas madres de Jaimanitas aligeraron sus existencias con aquella donación de billetes”.

Esta visita a Cuba del presidente del país más rico de la tierra, le ha retornado a los jaimanitenses la mística de aquella mañana, cuando los afortunados del momento atraparon fajos de billetes, salvándose. Y como Cacha dicen que estarán alertas, para que nos los cojan desprevenidos.

“Voy a moverme rápido, como una gata. Si no, tendré que dedicarme a arreglar sillas a domicilio”.

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Ilusiones perdidas

Frank Correa

A las puertas de la visita a Cuba de Barak Obama, primera de un presidente estadounidense desde la revolución cubana en 1959, los cubanos opinan sobre tan notable suceso.

Kiki Proenza, retirado de tropas especiales, cumplió varias misiones internacionales en África. Ha arriesgado la vida muchas veces como revolucionario, y lo haría otra vez si se lo pidieran. Dice que escucha todos los días la emisora cubanoamericana Radio Martí y ve el canal teleSUR, “para actualizarse”. Le pregunto sobre el viaje de Obama y sonríe.

“Ya nos dieron la banderita americana. Estaremos en el primer bloque, así que lo veré de cerca. El mando nos ha instruido que nada de Cuba sí yanqui no, ni Abajo el imperialismo. Ahora la consiga es Unidad”.

Tantos años en unidades de operaciones le marcaron el carácter y tras estudiar las nueve temporadas de la serie norteamericana “24 horas”, a la que le rinde culto, confiesa que Kiefer Sutherland es una especie de oráculo de la estrategia electoral norteamericana. “Primero un presidente afroamericano, luego una mujer presidente”.

“Con Hillary Clinton continuaría la política de unidad, que es nuestra nueva táctica. Se nos cae Venezuela y queda poca gente dispuesta a subvencionar una revolución que es historia. Lo que más me duele es que nos estemos quedando sin enemigos. Siento un vacío extraño”. Agrega Kiki.

Nico Blanco, pintor y buzo, quiere ver qué trae Obama a la isla. “Porque Raúl nada tiene para darle, a no ser necesidad. Y fíjate cómo cambian los tiempos, que ahora hay que ir a la plaza a ver a Obama y aplaudirlo. El que diga una consigna antimperialista va conducido”.

En la calle se respira expectativas sobre cómo pudiera aliviar esta visita, la dura existencia económica, social y política –denominada “Periodo Especial” –, que desde hace más de veinte años vive el pueblo cubano. Inmerso todo el día en sobrevivir, con libertades fundamentales coartadas por la ideología comunista, sin elecciones periódicas, ni prensa libre.

Joaquinito Bocañanga, es calandraquero y fanático del béisbol de las grandes ligas. El partido amistoso entre una selección cubana y el equipo de las Grandes Ligas Tampa Bay Rays, que se llevará a cabo el 22 de marzo en el estadio latinoamericano, más la visita de Obama, es algo de una magnitud fantástica para él. Pero está decepcionado. “Me dijeron que el estadio estará lleno de camilitos, soldados de las FAR, funcionarios, vanguardias laborales y elegidos del contingente Blas Roca ¿Qué queda para este humilde sacador de calandraca? Tendré que ver a las estrellas por el televisor. Deberían aprovechar y traer a los cubanos que juegan en las grandes ligas y conformar un equipo para representar a Cuba, porque los de aquí no le ganan ni sonándolo”.

La normalización de las relaciones con Estados Unidos es un proceso largo y complicado. Para llegar al pueblo y ver su fruto transcurrirá buen tiempo, que en la calle parecerán siglos, porque el hambre de carencia impregnada en el cubano por el Periodo Especial, ha incidido en la desconfianza, y en la pérdida de valores, identidad, hábitos y tradiciones.

Leovigilda García Rebustillo, de 67 años y jubilada del sector de comercio, se lamenta que este proceso le haya llegado tan vieja. “Me comí el comunismo entero. La vida se la di en trabajos voluntarios, movilizaciones para la caña, contingentes, desfiles y marchas, para una mísera pensión que se me va en medicamentos. Me salva que tengo un hijo en Miami y me envía una remesa todos los meses, si no me comería el león, como a tantos otros que sobreviven del invento y la caridad”.

Antonio Medina Castañeda, alias “El Rasta”, que ya pasó los cincuenta y dice estar regresando de todo, no cree ni en Obama ni en Raúl Castro. “Solo son intereses de estados. ¿Tú crees que alguien piensa en nosotros realmente? Somos números, estadísticas, un apelativo: pueblo. Tal vez parezca demasiado pesimista y en otro lugar hasta me llamen misántropo, pero hay que vivir en Cuba y haberse comido este cable, para comprenderme. El cubano está cansado de muela (perorata baldía), y mecánica (manipulación). Esto aquí es, ilusiones perdidas”.

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Pescador furtivo se ahoga en el mal tiempo

Frank Correa

Un hombre que en la tarde del sábado pescaba cerca de la orilla, en la ensenada de Jaimanitas, desapareció en el agua sin que hasta el momento se haya encontrado su cadáver.

Se llamaba Joel, de 41 años, residente en el poblado de Punta Brava, municipio Bauta, desenrollaba un trasmallo a veinte metros de la costa, en una zona poco profunda, cuando fue arrastrado por la corriente y tragado a la vista de tres personas que lo acompañaban.

Comandos de Rescate y salvamento de las tropas guardafronteras y vecinos de Jaimanitas, incursionaron en la ensenada con equipos de buceo hasta que anocheció y detuvieron la búsqueda, continuada con toda intensidad desde las primeras horas del domingo hasta llegada la noche, sin que pudieran encontrar el cuerpo.

Buzos entrevistados al terminar la faena, informaron que se peinó la ensenada, que oscila entre los cuatro y veinte metros, pero era posible que la corriente lo arrastrara mar afuera, donde resultaba imposible el sondeo.

Jaimanitenses que ayudaron en la pesquisa determinaron que el desparecido no conocía el lugar donde pescaba, además había mal tiempo, se comenta que estaba ingiriendo bebidas alcohólicas y para colmo vestía botas de agua y ropa de trabajo, agravantes para mantenerse a flote.

Juan Golman, de la familia de pescadores Los Pejediente, dijo que ¨ el correntín que circula en la ensenada es fuerte y casi todos los años se lleva a alguien. Va de oeste a este y en la desembocadura del rio gira al norte y sale hasta el canto del veril, donde hace un giro y retorna otra vez, pero su gran peligro radica en que en ciertos tramos corre por debajo del agua y la gente no lo percibe. Quien no conoce la zona y cae en él es arrastrado al fondo. Si no sabe lidiar con el corretin es muy fácil que se ahogue¨.

Familiares del desparecido estuvieron junto a militares y civiles en la orilla, esperando inútilmente que fuera hallado. La búsqueda se suspendió a las siete de la noche del domingo, por la falta de luz y el fuerte oleaje, debido a la entrada en ese momento de otro frente frio sobre La Habana. No se pudo conocer si la pesquisa continuaría este lunes, debido al mal tiempo.

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Los encantos de La aldea

Frank Correa

El barrio marginal Romerillo se encuentra enclavado cerca de importantes sitios de La Habana, a menos de un kilómetro del Palacio de las Convenciones y el hotel Palco, a unas cuadras de la Quinta Avenida y enfrente del parque de diversiones Isla del Coco, antiguo Coney Island.

Famoso antes de la revolución por su vida nocturna, su cadena de bares y fritas, y los personajes atrapados en su efluvio: Marlon Brando y la tumbadora, Kid Chocolate y sus putas y el Chori, punto de enlace principal del folclor habanero de esos años con los visitantes extranjeros que buscaban juergas.

La revolución terminó con el Chori y los puestos de fritas, con los bares y el comercio del barrio, que empobreció más aún y comenzó a extenderse hacia el sur, con orientales que escapaban de sus provincias “huyendo de un fantasma”, y construyeron en cualquier espacio disponible hasta conformar lo que es hoy “La aldea”, ramificación de Romerillo detenida solamente por el muro de piedra del antiguo aeropuerto militar del cuartel de Columbia, hoy Ciudad escolar Libertad.

La aldea se suscribe a solo un par de kilómetros cuadrados, donde perviven en hacinamiento casi doce mil almas, sin alcantarillado, ni una correcta electrificación, ni las condiciones sanitarias adecuadas, colmado de ilegalidades propias de un sistema que las genera de forma natural, debido a leyes irracionales que engendra y conlleva que el mercado negro sea quien rija el comercio del lugar.

La vida en La aldea es de arrabal, vocerío, música alta, negocio, humo y bebida. Una de las vecinas más vieja de La aldea es Mercedes, cuenta que una noche en una reunión en el Palacio de las Convenciones, un ministro le dijo a Fidel que a unas cuadras de allí había un barrio marginal y Fidel no lo creyó.

“Al otro día La aldea amaneció tomada por asalto, habían guardias de verde olivo en todas las callejuelas, en los pasillos y hasta en la bodega, entonces apareció Fidel, tan grande que copaba todo el pasillo de Pititi, le dijo a uno que lo acompañaba; “Estoy hay que cambiarlo”. Después se fue y no se hizo nada, solo el Club de Computación y dos parquecitos”.

El año pasado se efectuó un concierto de Silvio Rodríguez en Romerillo, difundido por la televisión nacional, y solo los habitantes de La aldea advirtieron un detalle: “la tarima fue colocada de espaldas a La aldea y de frente a Quinta avenida, aunque seguramente sin ninguna intención”.

El artista de la plástica Kacho también es un degustador de este peculiar sitio de la geografía habanera. En Romerillo ha instalado su “Laboratorio para el arte” y conseguido que decenas de jóvenes, pegados a la pared exterior, en la calle, pernocten conectados a la red través de su maravilloso wifi, “una ayuda en la comunicación”, dice un joven con un blu mientras navega.

La reciente Bienal de La Habana atrajo hasta Romerillo a varios artistas de otras regiones del mundo, que dejaron sus huellas en collage, pinturas y expresiones culturales, que han terminado fundidas con la mística de este barrio marginal, “llamado tiernamente por el estado periférico”.

Una lámpara de pomos plásticos, un taxi almendrón convertido en tanque de guerra, rostros de Hugo Chávez y hasta un Che Guevara con Pilsen, argollas, aretes y peinado “el yonky”, cohabitan con la basura amontonada en las esquinas, las aguas albañales corriendo por la calle, las fosas desbordadas y el latido de doce mil corazones pujando por sobrevivir.

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La aduana decomisa para Palco

Frank Correa

Me dice que no ponga su nombre y no le tome foto, pero sí autoriza hacer pública su denuncia.

Tiene sesenta y cinco años, vive en Jaimanitas, tuvo ayer que trasladarse a recoger un envío a su nombre, vía Panamá, procedente de su hijo que vive en Miami, a un lugar llamado “El deposito”, situado en 150 entre 23 y 25, en el reparto habanero Siboney, municipio Playa. Cuenta que lo que presenció allí la ha dejado traumada.

“Era para echarse a llorar la cantidad de cosas decomisadas a personas que venían en viajes del exterior, o los que iban a recoger envíos de familiares. La manera con que los trataban me hacía pensar que eran delincuentes, o personajes buscados por la Interpol, pero cuando hablaba con ellos y los conocía, descubrí que eran simples y pobres diablos, como yo, inventándoselas para sobrevivir”.

“Había un almacén con un letrero: “Cuarto de decomiso”, donde metían las cajas, las bolsas y los paquetes que incautaban. Un oficial que intervino en la confiscación de tres equipajes a una anciana que lloraba sin parar desmollejada sobre una silla, me comentó bajito y en tono de lástima: ¿No se cómo no le ha dado un infarto?”.

“No le dio allí, pero, ¿quién sabe si le dio esa noche, en su casa?, porque de verdad era para infartarse. Yo fui a aquel extraño lugar, porque mi hijo envió una lavadora para mí y una chapeadora para mi hermano, que vive en el campo. La chapeadora nos la decomisaron, no nos dijeron por qué. Estábamos presos del terror por lo que veíamos, creímos que era normal, pero ahora con la sangre fría pienso que es una desfachatez. A uno que viajó a Panamá le decomisaron tres motocicletas, argumentaron que esas marcas estaban prohibidas en Cuba. El hombre expuso que era ridículo, que en la calle habían cien como esas, se las decomisaron de todas formas”.

En 2014 la Aduana Nacional de la República de Cuba dictó su nueva ley para productos que ingresaran al territorio nacional, donde reguló el peso, el precio y la cantidad de los productos importados, demarcó los límites de permisibilidad a raíz del crecimiento de turistas cubanos al exterior, facilitados por la suspensión de la Tarjeta blanca y la flexibilización en la actividad migratoria.

Esta ley amplió las zonas oscuras naturales donde se han movido tradicionalmente los agentes aduanales cubanos. Un caldo de cultivo del caos, propicio para el delito blando como son la extorsión, el soborno, el cohecho, la falta de supervisión y el abuso de autoridad.

“Son unos cuatreros”, dice la mujer al recordar la chapeadora decomisada y los sueños de su hermano del campo tronchados. “¿Qué tenía la chapeadora esa, o las motos, o los equipajes de aquella señora que sabe Dios si de verdad se murió esa noche de un infarto? ¿Qué tenían los

equipajes decomisados y los paquetes y las cajas, sino otra cosa que necesidades? Porque eso es lo único que sobra aquí en Cuba hoy, necesidades. No dan, ni dicen donde hay. Y cuando traes algo que les cuadra te lo quitan. Dicen que es para Palco. Todo lo que decomisan dicen que va para Palco, y pregúntate tú, ¿quién es Palco? ¿Qué significa esa palabra?”.

Le explico que Palco es una cadena de tiendas recaudadora de divisas, caracterizada por los altos precios de sus productos, algunos imposibles de encontrar en otros establecimientos, con un Centro comercial de grandes almacenes situado en La Estrella, reparto Siboney. Y que también es el nombre de un hotel adscrito al Palacio de Convenciones, erigido en el exclusivo barrio El Laguito. La señora sigue sin entender. Dice que lo sucedido en El depósito no lo entenderá jamás.

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Derechos humanos en matutinos escolares

Frank Correa

Una palabra satanizada durante décadas en Cuba como “Derechos humanos” parece ya poder mencionarse abiertamente, incluso en los matutinos escolares, porque entre las efemérides que celebran a diario profesores y alumnos sobre mártires y sucesos de la historia patria y mundial,este 10 de diciembre será remarcada entre los hechos a destacar.

En el matutino de la escuela “Manolito Aguiar” situada en Quinta avenida y 234, Jaimanitas, una maestra habló de la proximidad este 10 de diciembre del “Día Mundial de los Derechos Humanos”. La palabra sonó como un acorde sobre el murmullo de infantes alineados en la cancha de básquet donde desarrollan diariamente los matutinos, por la rareza que encerró durante décadas el solo hecho de mencionarla, asociada siempre a delitos contra la Seguridad del Estado y el acompañamiento de condenas de cárcel a los que se aventuraban a enarbolarla, práctica que produjo un efecto de esquiva en la ciudadanía, que casi la suprimió del vocabulario popular.

Poseer un ejemplar de la declaración de los Derechos Humanos adoptada en la ONU en el año 46, luego de terminada la Segunda guerra Mundial, aprobada por casi todos los países incluyendo a Cuba, para detener el genocidio social y cultural de los gobiernos tiranos y elevar al rango de personas a todos los habitantes del mundo, llegó a ser una de las más firmes evidencias para que un individuo fuera detenido, conducido, procesado, encarcelado y encasillado como disidente.

En 1976 se menciona por primera vez como medio de lucha pacífica en la voz de Ricardo Bofill, que funda un Comité Pro Derechos Humanos junto a un incipiente grupo de cubanos, intentando organizar lo que en otros países era un derecho ciudadano. Y es precisamente por ejercer sus derechos de asociación, de libertad de expresión y libertad de pensamiento, que son encarcelados los que integraban aquel embrión que luego se convertiría en movimiento.

Este medio de lucha fue creciendo de manera pacífica y estoica, sin recursos, sin medios de trabajo, pero mucho ánimo y constancia, para dar a conocer a los cubanos el contenido de la carta magna aprobada en Ginebra luego de la victoria sobre el fascismo. Se sumaron nuevos activistas y se amplió el espectro de las denuncias a violaciones a los derechos humanos tanto en la calle como en las prisiones y de los atropellos contra los que disentían de pensamiento con el gobierno comunista.

Ahí está la historia escrita por el movimiento fundado por Bofill en el ya lejano 1976 y sus conquistas en muchas esferas de la vida social y política del país. Y ahí está la maestra captada por el lente mientras explica a los niños la importancia de conocer los derechos humanos conquistados en Cuba, aunque solo se limite a mencionar: “el derecho a la salud, a la educación, a la cultura y al deporte”, y le falte mencionar otros artículos vitales de la declaración que aún siguen ausentes del vocabulario.

Con el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el desmontaje paulatino “sin prisa pero sin pausa” del modelo de planificación socialista pro soviético y la necesidad urgente del rescate de valores y tradiciones perdidas en la sociedad cubana, mencionar la palabra ”Derechos Humanos” parece no constituir ya un delito craso que conlleva a una mazmorra. Y en el futuro deberá constituir una plataforma de concertación de pensamiento y tolerancia, único camino para que Cuba enrumbe hacia nuevos derroteros y consiga un día llegar a ser un lugar donde todos seamos iguales.

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Mícara 1984

Frank Correa

En 1984 vivía  su momento de esplendor el polígono de preparación especial Mícara,  por donde pasaban las unidades regulares y de reserva, enclavado en una zona inhóspita de la geografía oriental, dispuesto con todo tipo de obstáculos para instruir a las tropas durante un mes, con la culminación a los treinta días de la elección de la mejor escuadra del curso.

Me tocó pasar por allí como jefe de una escuadra de exploración, cuando era oficial de tiro en la escuela de camilitos de Guantánamo y debo reconocer que aprendimos.

La primera semana se repasó el arme y desarme del fusil y recibimos clases políticas. Un oficial de la jefatura nos ilustró en un atlas cómo andaba el mundo: ¨patas arriba¨, con un puntero señaló las zonas en conflicto, África, medio oriente, Centroamérica. Todo lo contrario a Cuba y los países socialista, consolidados en el CAME, con sus pueblos educados, saludables, productivos.

En la segunda semana entramos en acción: Pasar senderos incendiados, trepar sogas, deslizarse por una rondana a toda velocidad sobre una presa con troncos y empalizadas.

Mi escuadra iba delante, líder cruzando alambradas, sorteando el fuego y en los tres tipos de emboscadas: hostigar, contención y aniquilamiento. En la semana tres dimos un ¨golpe de mano¨  con el asesoramiento de un oficial de la jefatura. Sorprendimos a otra escuadra mientras comía su ración fría: codito y carne rusa, una lata para diez. Nos felicitaron en la jefatura.

Por la noche dormíamos en hamacas bajo la luna, picados por bichos, sobrecogidos por la muerte de un soldado de Santiago, caído de la rondana mientras cruzaba la presa. Su mochila, la ropa y el casco fueron mucho peso y la presa lo tragó. Demoraron en encontrar un bote para acercarse al sitio y pasaron minutos eternos, horas, hasta que llegaron los buzos.

El curso siguió adelante con la consigna del polígono: ¨una maniobra sin muertos no es buena maniobra¨. La semana última fue la peor: ¨ejercicio de supervivencia¨.  Suspendida la ración fría. Cazar y pescar, único recurso. Tres escuadras finalistas debíamos emboscarnos y aniquilarnos para seleccionar  la ganadora.

Oficiales de la jefatura organizaron el orden de marcha, por rutas distintas convergiendo al final en un punto con accidentes geográficos. Durante dos días transitamos por senderos polvorientos donde no hallamos ni un toti. Ni siquiera un sijú platanero. Casi al atardecer del segundo día, sumamente desfallecidos y muertos de hambre, divisamos un puerco y el oficial de la jefatura lo cercenó con una ráfaga. Hubo algarabía en la tropa y lo descueramos en menos de lo que cantó un gallo con las bayonetas. Preparamos una fogata para asarlo.

Cuando la carne comenzaba a dorar un vigía colocado en un alto dio la alarma: ¨una escuadra se acercaba por el sur¨. Recogimos el campamento, escapamos a favor de la brisa, acertamos a cuatro kilómetros un agujero en una piedra, construimos ¨la cocina vietnamita¨, enmascararse bajo tierra y con cañas bravas sacar una chimenea con el humo hacia otra parte y continuamos el asado, pero el truco que fue descubierto, aunque  ganamos el combate. La escuadra perdedora regresó al campamento, pero le avisó de nuestra posición a  la escuadra ¨tres¨, también finalista, que cayó sobre nosotros como una tromba al conocer que teníamos comida.

Nos retiramos con el puerco medio asado a cuesta y logramos evadir al ¨enemigo¨ colocando ¨huellas falsas¨. Alejados otra vez  de los caminos encendimos otra fogata, a medianoche, pero comenzó a llover y el fuego se apagó. El hambre era tal que nos comimos la carne cruda.

Dormimos unas horas hasta que nos despertó el soldado de guardia, avisando que la  escuadra ¨dos¨ venía sobre nosotros, mejor dicho sobre la carne de puerco, llevaban sin comer casi 48 horas, más que vencernos querían participar del festín.

Les dejamos la carne sobre una piedra y mientras la devoraban caímos sobre ellos y los aniquilamos con balas de salva. Finalmente nuestra escuadra resultó ganadora en el polígono especial aquel 1984, cuando el socialismo era un ¨baluarte inexpugnable¨ y Mícara preparaba a los ¨hombres nuevos¨ para el futuro de la patria.

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PREMIO INTERNACIONAL DE REPORTAJE PARA PRERIODISTA INDEPENDIENTE

Yunia Figueredo

La Fundación Alonso Quijano, de España, organizadora del Premio Internacional de reportaje Emilio Alejandro Núñez 2015, acaba de concederle el máximo galardón a nuestro colega de la prensa independiente, el escritor cubano Frank Correa, por su reportaje: Un viaje por las Bibliotecas Independientes.

Frank Correa (1)

Este galardón tiene como objetivo fundamental, reconocer y divulgar trabajos informativos de calidad sobre temas relacionados con las bibliotecas en cualquier país del mundo. Frank Correa, que además de colaborar regularmente con las páginas Cubanet, Misceláneas de Cuba y Primavera Digital, ha publicado cuentos, novelas y ensayos, y ha sido premiado en múltiples ocasiones en concursos y certámenes internacionales, es jefe del buró de prensa de la Red de Bibliotecas Comunitarias, en Cuba.

El jurado de este Premio Internacional de Reportaje Emilio Alejandro Núñez 2015, estuvo integrado por Antonio A. Gómez Yebra, catedrático de la Universidad de Málaga, como presidente, Mar Hernández Agustí, directora técnica de la Biblioteca Nacional de España, Alberto Gómez Font, redactor y corrector de la Agencia EFE, Antonio Tomás Bustamante, presidente de la Asociación Andaluza de bibliotecarios, Ángel Esteban, catedrático de la Universidad de Granada, Elena Martínez Carro, vicedecana de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de la Rioja, (UNIR), y Susana Guerrero Salazar, profesora titular de la Universidad de Málaga y vice presidenta de la Fundación Alonso Quijano.

Un viaje por las Bibliotecas Independientes, cuenta la difícil vida de estos anónimos actores de la sociedad civil cubana, que desde lo más profundo de las comunidades y bajo difíciles circunstancias, realizan el importante trabajo de romper con el monopolio de la información y la censura, instaurada férreamente por el gobierno comunista a partir del año 1959, dueño absoluto de las editoriales, de los periódicos, de los medios de información y difusión, y de qué libros se puede o no leer en el país, hombres y mujeres del pueblo que luchan con tenaz persistencia por la libertad de expresión y de prensa, derechos inalienables de los seres humanos.

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Esplendor ayer, miseria extrema hoy

Frank Correa

Nunca imaginaron los que construyeron la casona de calle 242 esquina 1348 en Jaimanitas, que aquella, la primera vivienda que se erigía en la privilegiada zona de la costa norte que delimita al pueblo con el mar, que todo aquel esplendor añadido por la familia Martí a donde iban a cobijarse para pasar el resto de sus días, en el año 2015 del siglo XXI sería una casa en ruinas.

Su actual inquilina, Zeida Margarita González Díaz, quien vive allí desde hace diez años, ha visto terminar de caerse ante su vida sin que nada la ayude a sostenerse, ni el estado con la justicia, ni la Dirección Municipal de Vivienda con su burocracia oportunista, ni los efectivos revolucionarios que debían respetar los méritos de la familia, ni el Delegado, que conoce su caso, ni su hija, que al cumplir la mayoría de edad pensó sería la esperanza de la familia, ahora enferma de diabetes ha tenido que operarse, ni su hijo, que perdió una oreja en la guerra de Angola producto de una mina en una emboscada, ni sus santos, que en el pueblo curan a tanta gente de males de ojos y empachos, ni los encargados culturales de salvar los símbolos de la arquitectura y la historia de los pueblos, nadie.

A  Margot se le conoce en Jaimanitas con dos sobrenombres, Margot la espiritista y la dulcera, porque sobrevive de vender dulces caseros que le salen muy bien, los pomos a un cuc, ya que su consulta espiritual es por caridad, no puede cobrarla, ese es su don, y en un rincón del minúsculo espacio que le ha quedado habitable a la casa, están como presidiendo la escena sus muñecas, con las que habla y le pide por los necesitados.

Mucha gente corre a casa de Margot cuando los hijos se empachan, o cogen mal de ojos, o necesitan una limpieza. Confían en ella, por los resultados, que idealizan como milagros, aunque no ha conseguido detener la caída de su casa, que la ha reducido a la parte final, que comprende la cocina, el baño, y su habitación, que en la vivienda original era el cuarto de huésped.

Llegue a su casa interesado por conocer su historia, tal vez la primera erigida en el pueblo, que en su principio era de pescadores, y gente adinerada que salía de los límites dela Habana a principios del siglo pasado, al terminar la guerra y llegar la República, buscando mejores lugares donde vivir, alejados del viciado ambiente de La Habana.

Cuando caminaba por lo que antes fueron grandes jardines y ahora era un solar yermo imaginé aquellos años y el balneario de enfrente lleno de vida.  En verdad la desolación estaba apoderado de aquella, de la fachada no quedaba sino un pedazo derruido, la sala en ruinas, no hay techo, los antiguos cuartos parece exposiciones del surrealismo de una pobreza olvidada, encuentro a Margot en la cocina, haciendo dulces. Tuvo que pelar los cocos y molerlos ella sola, piensa que al fin ha llegado el enviado que le ha pedido tanto a los santos para contar la historia.

–En esta casa vivo hace muchos años, con mi hija enferma y mi hijo, que perdió una oreja en Angola. Yo vine de Mayarí jovencita a La Habana y vivía con mi familia en Mañanima. Vine para acá para cuidar a una viejita, que se murió al cabo de los años y heredé por última voluntad la vivienda. Pero ha sido una odisea que me otorgue la propiedad, mi expediente es el número 54 del año 1989 y todavía no han resuelto mi caso. No tengo dinero para sobornar a nadie, mira la casa, cuando llegué aquí el comején era el verdadero dueño. Se fue cayendo poco a poco cayó y nadie ha venido a auxiliarme. Soy una anciana sola, que no puedo, si pudiera tampoco la arreglaría, porque sin papeles quien quita que un día me saquen para un albergue, porque mira todo este lugar, qué clase de terreno y qué posición, ¿la historia de la casa? Ni yo misma la sé. La viejita que murió aquí era de Marianao, que permutó con la gente que comencé a vivirla en el año 1962, cuando los dueños emigraron para Estados Unidos, ¿cómo se llamaba el dueño? Paco Martí, dicen que descendiente de José Martí. Era el dueño de los alquileres de cuartos, taquillas y aditamentos  acuáticos, esta casa dicen que era un esplendor y ahora está envuelta envueltas en el fantasma de la ruina, tal vez seas la persona que tanto le ha pedido a los santos para establecer su denuncia.

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